La pobreza provoca situaciones de exclusión social y afecta a los niños en aspectos fundamentales para su desarrollo como la alimentación, la educación, la salud o la protección.
Ellos son los primeros que padecen la crudeza de esta situación en sus hogares cuando sus padres se quedan sin trabajo o cuando a consecuencia de los menores ingresos familiares se empobrece la calidad de su alimentación y educación, y cuando se deteriora el ambiente familiar.
Más de 220 millones de niños están solos: excluidos de un entorno familiar protector y, a veces, incluso rechazados por sus comunidades y privados de las necesidades básicas como alimentos, ropa, vivienda, educación, atención médica, protección y amor.
Aldeas Infantiles SOS, a través de su red de 571 Aldeas presente en 135 países, atiende a niños y jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad, a fin de impulsar su desarrollo y autonomía mediante el acogimiento, la prevención y el fortalecimiento de sus redes familiares y sociales, de modo que lleguen a ser personas autosuficientes y bien integradas en la sociedad con las mismas oportunidades, derechos y obligaciones que el resto de niños y jóvenes.